
Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente.
Facundo Cabral
La ansiedad es la emoción que aparece cuando sientes que se acerca una amenaza, cuando visualizas el futuro de manera negativa y, en consecuencia, intentas prepararte para hacerle frente.
La ansiedad se apoderará primero de nuestra mente y luego de nuestro cuerpo. Por ejemplo, antes de un examen comenzamos a estar inquietos, y luego aparecen los famosos dolores de cabeza, el malestar estomacal, el sudor, etcétera. La ansiedad como reacción normal nos permite afrontar una presión externa y se presenta acompañada de aquellos temores que todos tenemos y que nos preservan ante una amenaza o peligro. Por ejemplo, si se acerca el examen, la ansiedad nos puede poner en alerta para prepararnos mejor (y estudiar). Ahora, ¿qué nos sucede cuando pasamos de vivir un momento de ansiedad a vivir ansiosos? Alguien excesivamente ansioso ve cada situación nueva, cada cambio, cada desafío que le toca vivir, como una tortura y experimenta un gran sufrimiento interior.
La ansiedad crónica es tóxica. El problema surge cuando la ansiedad se convierte en un temor excesivo e irracional a situaciones que afrontamos diariamente. Entonces, pasa a ser una emoción tóxica.

¿EN QUÉ ESTOY PENSANDO?
Realiza la siguiente autoevaluación. Piensa cuántas veces has experimentado miedo, angustia, preocupación frente a una situación de tensión en el trabajo, frente a un viaje, a un examen. ¿Esto te resulta familiar? La ansiedad es un estado emocional tóxico que hace que una persona sienta inquietud o temor.
Cuando se ansía mucho algo, es fácil desanimarse y sentir que nada tiene sentido o vale la pena. Con esta emoción a flor de piel, nos costará mucho más alcanzar las metas que nos propongamos. La ansiedad no solo nos impide experimentar emociones positivas, como la alegría o el amor, sino que no nos permite disfrutar de la vida al máximo.
Si ya te vas identificando con todo esto, vayamos al siguiente paso. Ahora la clave es descubrir dónde comienza esta ansiedad negativa para que, una vez la reconozcamos, podamos superarla y asumir lo que nos toque pasar de la mejor forma posible y de la manera menos tóxica.
En principio, descubriremos que el comienzo se da siempre en la mente. ¿Alguna vez has prestado atención a tus pensamientos? Si no lo has hecho, tómate tu tiempo para ver en qué estás pensando y qué es lo que «te da vueltas en la cabeza» la mayoría de las veces. Ahí está la clave de la ansiedad: en tus pensamientos, en aquellos pensamientos que tu cerebro, de manera equivocada, interpreta como reales. Y aunque tu razón sepa que no son verdaderos, los crees a nivel emocional, es decir, que sientes que son verdad.
Si tu cerebro cree que va a suceder algo malo, empezará a enviar síntomas de ansiedad. Existe un proverbio anónimo que dice: «No puedes evitar que los pájaros de la preocupación y la inquietud vuelen sobre tu cabeza. Pero puedes impedir que aniden en tus cabellos». No te contamines con todo aquello que no sirve, aprende a descartar de tu mente todo aquello que intoxica tus emociones.
¿POR QUÉ ME LLAMARÁN ANSIOSO A MÍ?
No sientas pánico. La ansiedad es una emoción tóxica muy común estos días. Basta con repasar en tu ámbito cotidiano, ya sea en la universidad o en tu casa o en el trabajo, a cuántas personas has visto morderse las uñas desesperadamente o darse atracones cuando en realidad no tienen hambre. Si te pregunto si conoces a alguien que sufra de grandes comezones en diferentes partes del cuerpo supuestamente sin una causa clara, estoy seguro de que encontrarías varios casos. Y la lista sigue. ¿Cuántas personas tartamudean aun en momentos en que aparentemente todo está bajo control y en calma? A unos se les cae el cabello, otros sufren de estreñimiento, y otros, todo lo contrario, a algunas personas les sube la temperatura y otras tantas transpiran mientras a otras se les seca la boca.
Muchas veces decimos «estoy tranquilo» y, en realidad, esa tranquilidad que decimos experimentar es aparente, ya que todos estos síntomas, cuando no tienen una causa física u orgánica, son una clara llamada de atención que, muy probablemente, esté indicando la presencia de la ansiedad.
Cuando eres una persona muy ansiosa, no solo tu mente y tus emociones se ven afectadas, sino también tu cuerpo. Tal vez estén girando en tu mente decisiones que tomar, elecciones que hacer, palabras que decir, y quizás has decidido no hablar y esperar. Quizás haya situaciones o personas de las que estás escapando, pero a las que en realidad sabes que debes enfrentarte. De todo esto, aunque lo neguemos y lo queramos ocultar, nuestro cuerpo tiene conciencia.
Cuando estamos demasiado ansiosos, buscamos por todos los medios calmar esa emoción tóxica y recurrimos a cosas como la comida y el trabajo en exceso o, lo que es peor, a la automedicación.
¿Cuándo suena la alarma?
Veamos algunos de los síntomas más comunes de la ansiedad:
- miedo o temor
- inseguridad
- preocupación
- aprensión
- problemas de concentración
- dificultad para tomar decisiones
- insomnio
- sensación de pérdida de control de la propia vida o del medio que nos rodea
- hiperactividad
- pérdida de interés
- movimientos torpes
- tartamudeo
- tics nerviosos
Con el tiempo, si la ansiedad no se trata de manera adecuada, puede llegar a afectar seriamente la salud y derivar en lo que se conoce como trastornos de ansiedad. Estos incluyen el pánico, la obsesión-compulsión y distintas clases de fobias.
¡Doble alarma!
Veamos algunos de los síntomas más graves:
- palpitaciones
- presión arterial alta
- opresión en el pecho
- sensación de ahogo
- náuseas
- problemas digestivos
- diarrea
- tensión muscular
- dolor de cabeza
- fatiga
- sudoración excesiva
- impotencia
- eyaculación precoz
Charles Spurgeon, un reconocido pastor bautista, decía: «La ansiedad no agota las angustias del mañana, solo agota la fuerza del hoy». Pensar continuamente en el futuro, preocuparte y desarrollar una imaginación excesiva con respecto a lo que puede llegar a pasar —y que, por lo general, no ocurre nunca—, tratar de anticiparte al mañana, es realmente agotador. Nuestra mente necesita descanso, démosle un poco de paz. Verás que, cuando logres relajarte, todo aquello que te despertaba una desmesurada ansiedad volverá a estar bajo tu control.
ANSIEDAD, ESTRÉS. ¿HABLAMOS DE LO MISMO?
Todos necesitamos cierta dosis de presión en nuestras vidas, y eso no tiene nada de tóxico. Al igual que las cuerdas de un violín, que para sonar afinadas deben estar tensas, porque demasiado flojas no sonarían y demasiado estiradas se romperían, el ser humano necesita también una tensión básica. Pero cuando la presión o los estímulos recibidos son muchos de repente o pocos pero prolongados durante mucho tiempo, o la combinación de ambos, se produce un desequilibrio y sobreviene el estrés.
Un estímulo estresante puede ser desde tener que presentarse a un examen hasta tener que hacerse cargo de la familia por la muerte de un ser querido o vivir durante años con una pareja que no nos habla, etcétera. Dependerá entonces del tiempo y de la intensidad con que se viva. «Vivir un momento estresante» no es lo mismo que «vivir estresado». Lo primero es normal, inesperado y generado por el ambiente, mientras que lo segundo, vivir estresado, es tóxico, buscado y generado por nosotros mismos porque se ha convertido en un hábito y «no sabemos» vivir de otra manera.
Qué curioso es el hombre, nacer no pide, vivir no sabe, morir no quiere. Proverbio chino
El estrés surge cuando hay excesivas demandas exteriores y tu organismo no alcanza a hacerles frente. Es una tensión, una presión física o mental que rompe el equilibrio. Un estudio realizado durante diez años en Estados Unidos con personas que no podían controlar su estrés emocional dio como resultado que la persona estresada tiene un 40% más de probabilidad de muerte. Solo en Argentina, se consumen millones de tranquilizantes por año.
No cuentes los días, haz que los días cuenten. Muhammad Alí
Cada vez que el cuerpo recibe un estímulo exterior, se activan dos hormonas: la adrenalina y el cortisol. La adrenalina es la hormona que te provee de energía y fuerza y que, al correr por el cuerpo, te hace sentir inmortal, que puedes lograr todo lo que quieras. Dicha energía te acelera, eleva tu nivel de excitación, de deseo y de entusiasmo, y agudiza tu visión. Cuando una persona guarda durante meses ira, rencor, cuando soporta maltratos durante años y sus heridas se acumulan, la adrenalina se activa en dosis grandes y frecuentes, y actúa como un veneno.
El cortisol es una hormona buena, pero, al elevar de forma excesiva el nivel de azúcar en la sangre, puede hacerte que aumentes de peso y tus huesos pierdan calcio, magnesio y potasio. Las personas que han experimentado muchas presiones a lo largo de su vida pueden hacerse adictas a la adrenalina y sus cuerpos la generan naturalmente. Se identifican por su violencia, necesitan sentir presión y, por lo general, practican deportes de riesgo y siempre están en busca de peleas.
Esto explica que alguien que durante años sufrió conflictos de pareja, un padre violento o una madre depresiva, nunca logre relajarse por completo y busque permanentemente un motivo de discusión, porque su cuerpo pide adrenalina. Todos reaccionamos a los estímulos de manera diferente y dependerá de cómo interprete cada uno lo que ocurre en la vida. Algunas personas se estresan frente a determinadas tareas mientras que otras, en esa misma situación, no, porque a pesar de que el estímulo es el mismo, la percepción es distinta.
(Tomado de: Emociones Tóxicas. Bernardo Stamateas, 2009).


























Me gusto mucho el tema abordado por usted, quisiera preguntale sobre otro tema personal, como puedo cominicarme con usted